07/08
2008
2008
Chile: Investigan potencialidades de microorganismos de las costas chilenas. Megabacterias de mar chileno podrÃÂan generar energÃÂa
Foto | Si en Chile encontramos bacterias que, por ejemplo produzcan hidrógeno, podrÃa utilizarse como ahora usamos el combustible y serÃa un gran aporte. Dijo el biologo Gallardo
(LaNacion.cl) Aunque viven hace millones de años en las costas chilenas, nadie las había investigado en profundidad. Hasta ahora, porque biólogos de la Universidad de Concepción, aliados con Carig Venter, investigan sus potencialidades, que van desde la producción de hidrógeno y amoníaco hasta la creación de explosivos y medicinas
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El fondo marino chileno sigue mostrando su gran potencial. Científicos de la Universidad de Concepción liderados por el biólogo marino Víctor Ariel Gallardo estudian el genoma de macrobacterias (Biggiatoa spp.) y megabacterias (Thioploca spp.), habitantes de las costas del norte de Chile hasta Arauco, entre los 20 y 200 metros de profundidad, en terrenos arcillosos, con mucha materia orgánica y muy poco oxígeno.
Los microorganismos descubiertos miden entre 10 y 90 micrómetros de diámetro en el caso de las megabacterias (una bacteria normal no llega los 10 micrómetros) y hasta 7 centímetros de largo. Las macrobacterias alcanzan los 10 micrómetros de diámetro y hasta 3 centímetros de largo. Los organismos, analizados en un laboratorio norteamericano, podrían ser utilizados en la industria minera, farmacéutica y en la medicina.
Las megabacterias fueron descubiertas en 1962, durante la Expedición Mar Chile II, visibles a simple vista y en abundancia, en las aguas casi sin oxígeno de la plataforma continental. Las macrobacterias, en la misma ubicación geográfica, fueron avistadas en 2004. "Todas viven en ambientes que antes se consideraban desprovistos de vida. Aparte de la vida microbiana que está en todas partes, estas grandes bacterias habían pasado inadvertidas", señala Gallardo.
Las macrobacterias "seguramente son descendientes de las primeras bacterias que poblaron los sedimentos del planeta, hace dos o tres mil millones de años", asegura el biólogo, y eran conocidas muy bien por los micropaleontólogos desde mediados del siglo pasado, que las encontraron como fósiles en rocas. Las megabacterias habrían aparecido entre 850 y 1.200 millones de años atrás, cuando ya había más oxígeno en el mar", explica Gallardo.
Las bacterias logran alcanzar gran tamaño, pues en reemplazo del oxígeno utilizan el nitrato contenido en el agua para vivir y reciben su energía del ácido sulfhídrico, un gas tóxico que se encuentra en el sedimento marino, con el que se alimentan. Según el biólogo, estos microorganismos inventaron unas "botellas de nitrato". "Cada célula tiene un espacio en su interior, que ocupa casi el 90% de su volumen, donde acumula el nitrato, tal como buzos tienen su tubo de oxígeno. Se asoman al agua y llenan su estanque de nitrato y les sirve para respirar, luego vuelven al interior del sedimento y absorben el hidrógeno sulfurado, su alimento. Tienen un gran estanque y pueden concentrar 20 mil veces el nitrato que obtienen del agua, pudiendo estar dos años sin salir a buscar más", asegura Gallardo.
Potencialidad
En este momento, el científico está dedicado a la investigación del genoma de estas bacterias para poder explotar sus potencialidades. Investigaciones previas en organismos similares han dado atisbos para su futura utilización, especialmente en el campo energético.
"Si en Chile encontramos bacterias que, por ejemplo produzcan hidrógeno, podría utilizarse como ahora usamos la bencina y sería un gran aporte, porque el hidrógeno con el oxígeno forman agua, y no dióxido de carbono, por lo que no contaminaría" comenta el biólogo.
Como las bacterias se alimentan de un gas tóxico -ácido sulfhídrico- que si bien se encuentra en el fondo marino, también es producido por algunas industrias, como la pesquera. "Sería interesante hacer un detergente para evitar que la gente se intoxique, por ejemplo, con el gas que despide el pescado putrefacto", señala el biólogo. Bacterias similares analizadas en laboratorios internacionales son capaces de producir amoníaco como desecho, el que es utilizado como abono e incluso en plantas de tratamiento de aguas servidas. Otras pueden ser utilizadas en la industria de los explosivos y en la medicina, pues se ha descubierto que un compuesto de la Salinispora (un tipo de estas bacterias) mata las células cancerosas en la sangre.
Por el momento, no se conocen las potencialidades de las bacterias encontradas en Chile, pues están siendo analizadas en Estados Unidos. Gallardo ha trabajado con Craig Venter (conocido mundialmente por haber generado un borrador del genoma humano), y gracias a sus propios contactos, el apoyo de la Universidad de Concepción y Fondecyt ha logrado avanzar en sus investigaciones. "Hay muchos laboratorios que actualmente trabajan en ellas en el resto del mundo avanzado y estamos tratando de lograr intensificar y profundizar los estudios locales. Creemos que es necesario tener acceso a estos recursos vivos marinos, que no son los peces ni mariscos, que es a los que se les pone más atención. Creo que esto va a cambiar o ya está cambiando pues estos recursos novedosos podrían contener los genes, proteínas y enzimas que podrían biotecnológicamente contribuir a solucionar varios de los problemas que acosan a la humanidad y a nuestro país en particular", enfatiza el biólogo.
Fuente:
LaNacion.cl

Diario Patagonia | Redaccion
Los microorganismos descubiertos miden entre 10 y 90 micrómetros de diámetro en el caso de las megabacterias (una bacteria normal no llega los 10 micrómetros) y hasta 7 centímetros de largo. Las macrobacterias alcanzan los 10 micrómetros de diámetro y hasta 3 centímetros de largo. Los organismos, analizados en un laboratorio norteamericano, podrían ser utilizados en la industria minera, farmacéutica y en la medicina.
Las megabacterias fueron descubiertas en 1962, durante la Expedición Mar Chile II, visibles a simple vista y en abundancia, en las aguas casi sin oxígeno de la plataforma continental. Las macrobacterias, en la misma ubicación geográfica, fueron avistadas en 2004. "Todas viven en ambientes que antes se consideraban desprovistos de vida. Aparte de la vida microbiana que está en todas partes, estas grandes bacterias habían pasado inadvertidas", señala Gallardo.
Las macrobacterias "seguramente son descendientes de las primeras bacterias que poblaron los sedimentos del planeta, hace dos o tres mil millones de años", asegura el biólogo, y eran conocidas muy bien por los micropaleontólogos desde mediados del siglo pasado, que las encontraron como fósiles en rocas. Las megabacterias habrían aparecido entre 850 y 1.200 millones de años atrás, cuando ya había más oxígeno en el mar", explica Gallardo.
Las bacterias logran alcanzar gran tamaño, pues en reemplazo del oxígeno utilizan el nitrato contenido en el agua para vivir y reciben su energía del ácido sulfhídrico, un gas tóxico que se encuentra en el sedimento marino, con el que se alimentan. Según el biólogo, estos microorganismos inventaron unas "botellas de nitrato". "Cada célula tiene un espacio en su interior, que ocupa casi el 90% de su volumen, donde acumula el nitrato, tal como buzos tienen su tubo de oxígeno. Se asoman al agua y llenan su estanque de nitrato y les sirve para respirar, luego vuelven al interior del sedimento y absorben el hidrógeno sulfurado, su alimento. Tienen un gran estanque y pueden concentrar 20 mil veces el nitrato que obtienen del agua, pudiendo estar dos años sin salir a buscar más", asegura Gallardo.
Potencialidad
En este momento, el científico está dedicado a la investigación del genoma de estas bacterias para poder explotar sus potencialidades. Investigaciones previas en organismos similares han dado atisbos para su futura utilización, especialmente en el campo energético.
"Si en Chile encontramos bacterias que, por ejemplo produzcan hidrógeno, podría utilizarse como ahora usamos la bencina y sería un gran aporte, porque el hidrógeno con el oxígeno forman agua, y no dióxido de carbono, por lo que no contaminaría" comenta el biólogo.
Como las bacterias se alimentan de un gas tóxico -ácido sulfhídrico- que si bien se encuentra en el fondo marino, también es producido por algunas industrias, como la pesquera. "Sería interesante hacer un detergente para evitar que la gente se intoxique, por ejemplo, con el gas que despide el pescado putrefacto", señala el biólogo. Bacterias similares analizadas en laboratorios internacionales son capaces de producir amoníaco como desecho, el que es utilizado como abono e incluso en plantas de tratamiento de aguas servidas. Otras pueden ser utilizadas en la industria de los explosivos y en la medicina, pues se ha descubierto que un compuesto de la Salinispora (un tipo de estas bacterias) mata las células cancerosas en la sangre.
Por el momento, no se conocen las potencialidades de las bacterias encontradas en Chile, pues están siendo analizadas en Estados Unidos. Gallardo ha trabajado con Craig Venter (conocido mundialmente por haber generado un borrador del genoma humano), y gracias a sus propios contactos, el apoyo de la Universidad de Concepción y Fondecyt ha logrado avanzar en sus investigaciones. "Hay muchos laboratorios que actualmente trabajan en ellas en el resto del mundo avanzado y estamos tratando de lograr intensificar y profundizar los estudios locales. Creemos que es necesario tener acceso a estos recursos vivos marinos, que no son los peces ni mariscos, que es a los que se les pone más atención. Creo que esto va a cambiar o ya está cambiando pues estos recursos novedosos podrían contener los genes, proteínas y enzimas que podrían biotecnológicamente contribuir a solucionar varios de los problemas que acosan a la humanidad y a nuestro país en particular", enfatiza el biólogo.
Fuente:
LaNacion.cl

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