26/04
2007
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El Bolson, Patagonia, Argentina: Cuentos Fantásticos Parte IV âComo La Argentina Perdió a la Patagoniaâ
"No puedo creer que Ud. haya llegado a este grado de humillación!", contestó fuera de sí y a los gritos el Presidente argentino, "como para pedir ayuda a los tradicionales enemigos de la Argentina". "Perdón, Sr. Presidente, yo no necesitaré pedir ayuda alguna, ni la he pedido, ni la pienso pedir. Sólo me he limitado a plantear a las naciones más importantes del mundo el reconocimiento de mi gobierno"
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El Bolson, Patagonia, Argentina: Cuentos Fantásticos Parte IV “Como La Argentina Perdió a la Patagonia”
"No puedo creer que Ud. haya llegado a este grado de humillación!", contestó fuera de sí y a los gritos el Presidente argentino, "como para pedir ayuda a los tradicionales enemigos de la Argentina". "Perdón, Sr. Presidente, yo no necesitaré pedir ayuda alguna, ni la he pedido, ni la pienso pedir. Sólo me he limitado a plantear a las naciones más importantes del mundo el reconocimiento de mi gobierno".
"En ese sentido, Chile e Inglaterra estoy seguro de que serán los primeros en hacerlo. Y como Ud. Sr. Presidente es de la Provincia de Buenos Aires, le recuerdo que me apoyo en antecedentes muy valiosos y que Ud. conoce muy bien, por ser oriundo de una provincia argentina que pidió el reconocimiento de las Naciones Europeas y de Estados Unidos como Estado libre e independiente de la Confederación Argentina en 1853.
Aquí no hay más traición a la Patria que la que cometieron quienes ignoraron los derechos de los patagónicos y los mantuvieron en la más infame dependencia colonial. Sr. Presidente, los minutos son valiosos. Ud. debe decirme si acepta o no confirmar en todo la declaración de su Congreso y para comenzar a negociar libremente y como dos Estados soberanos las condiciones en que vamos a iniciar este nuevo tramo de nuestra vida política, asociando nuestros intereses en el respeto mutuo de nuestros derechos".
El Presidente argentino sólo atinó a agregar: "Evidentemente Ud. me chantajea y lamentablemente no puedo escapar al chantaje. En Buenos Aires no nos dimos cuenta de que estábamos armando una bomba de tiempo con estas obras de El Chocón y esta historia del gas y del petróleo. Tendríamos que haberlos tratado realmente como colonos y puesto una fuerza armada al lado de cada dique y cada gasoducto u oleoducto. Pero ahora Ud. me tiene en sus manos. Pero dígame sinceramente ¿es cierto que Chile y Gran Bretaña reconocerán a su gobierno?". "Vea Sr. Presidente...", contestó el Presidente patagónico, "...no sólo que lo harán inmediatamente, sino que harán declaraciones manifestando que toda agresión hecha a los Estados Unidos de la Patagonia será considerada un acto de guerra contra sus propios países y si sus servicios de inteligencia, Sr. Presidente, funcionaran correctamente, habría sabido antes de salir para aquí que ambos países han dado orden de movilizar todas sus fuerzas armadas.
Pero hay algo que seguramente a Ud. lo compensará de éstas cosas tan desagradables. Gran Bretaña entregará las islas Malvinas, Sandwiches y Georgias del Sur a la soberanía de los Estados Unidos de la Patagonia y formalizará con nosotros un tratado de paz que lleva implícita nuestra participación con todos nuestros productos en el mercado inglés y de sus dominios a cambio de la preservación de los intereses británicos que sean afectados por el cambio de soberanía. Chile, por su parte, nos integrará el dominio de las tres islas del Beagle". "Nos queda Brasil! ", exclamó el Presidente argentino... Se opondrá al dominio de los mares del Sud por una nación extranjera. Se unirá a nosotros. Lo mismo Paraguay, Venezuela, Perú y Colombia".
Con mucha calma el Presidente patagónico le alcanzó un télex que decía: "Itamaraty ha informado confidencialmente a nuestro enviado que está emitiendo un comunicado al Gobierno Argentino advírtiéndole que cualquier acción armada contra los Estados Unidos de la Patagonia será considerara como el rompimiento del necesario equilibrio en los mares del Sud y obligará al Brasil a movilizarse sobre la frontera argentina y uruguaya".
El Presidente argentino, bajó sus brazos. Se tomó la cabeza entre las manos y dijo: "qué desastre!, Qué ciegos hemos estado!, Malditos porteños!". Cuando los dos Presidentes salieron de la carpa y se unieron a sus acompañantes el viento patagónico soplaba con toda intensidad sobre el inmenso erial. Las caras mostraban las distintas emociones. No había evidentemente triunfadores, más bien un sentimiento de amargura predominaba en todos y alguna lágrima de rabia se escapaba de los ojos de muchos de un lado y de otro de los que ayer hermanos, hoy estaban divididos por una frontera que había levantado con el tiempo la desidia de los gobernantes porteños.
Así se perdió la Patagonia para la Nación Argentina.
Por su parte los Estados Unidos de la Patagonia progresaron a ritmo inusitado. Vendiendo petróleo, gas e hidroelectricidad a la Argentina, aún a precios inferiores a los del mercado mundial, ingresaban anualmente miles de millones de dólares de divisas que se utilizaban para el desarrollo de su infraestructura.
Los valles de los ríos y la precordillera fueron irrigados y explotados para exportaciones agropecuarias y agroindustriales al exterior y un contingente enorme de inmigrantes se fue radicando libremente en una República que echando por la borda el estatismo porteño, se apoyó en la empresa privada para afirmar su desarrollo. En sólo diez años la población patagónica se triplicó con los inmigrantes y en toda la región lacustre y fluvial de la cordillera, centros de turismo de renombre mundial atraían millares de turistas anuales que reforzaban el muy favorable balance de pagos de la flamante nación.
Industrias electrointensivas y petroquímicas se instalaron para aprovechar los recursos energéticos disponibles a bajo costo. La exportación industrial supero largamente a las exportaciones agropecuarias.
La moneda en circulación fue el Patagón, con garantía oro y convertible lo cual surgió de una negociación con las principales naciones del mudo que aceptaron pagar en oro sus compras durante cinco años para formar dicha reserva áurea. La inflación desapareció instantáneamente.
Por supuesto los Estados Unidos de la Patagonia no tuvieron ejército, ni marina, ni aeronáutica. Apenas una fuerza policial. Estaba defendida por todos contra todos.
En poco tiempo los Estados Unidos de la Patagonia, sobrepasaron a la Argentina prácticamente en todo, excepto en la producción agropecuaria que siguió siendo la única base de la Argentina que no supo reconocer en la Patagonia su verdadero destino.
FIN
Publicado por Esquelonline.com
COMO LA ARGENTINA PERDIO A LA PATAGONIA
(Un Cuento Fantástico)
Salvador San Martín 21.2.84

Martin R. Mur
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"No puedo creer que Ud. haya llegado a este grado de humillación!", contestó fuera de sí y a los gritos el Presidente argentino, "como para pedir ayuda a los tradicionales enemigos de la Argentina". "Perdón, Sr. Presidente, yo no necesitaré pedir ayuda alguna, ni la he pedido, ni la pienso pedir. Sólo me he limitado a plantear a las naciones más importantes del mundo el reconocimiento de mi gobierno".
"En ese sentido, Chile e Inglaterra estoy seguro de que serán los primeros en hacerlo. Y como Ud. Sr. Presidente es de la Provincia de Buenos Aires, le recuerdo que me apoyo en antecedentes muy valiosos y que Ud. conoce muy bien, por ser oriundo de una provincia argentina que pidió el reconocimiento de las Naciones Europeas y de Estados Unidos como Estado libre e independiente de la Confederación Argentina en 1853.
Aquí no hay más traición a la Patria que la que cometieron quienes ignoraron los derechos de los patagónicos y los mantuvieron en la más infame dependencia colonial. Sr. Presidente, los minutos son valiosos. Ud. debe decirme si acepta o no confirmar en todo la declaración de su Congreso y para comenzar a negociar libremente y como dos Estados soberanos las condiciones en que vamos a iniciar este nuevo tramo de nuestra vida política, asociando nuestros intereses en el respeto mutuo de nuestros derechos".
El Presidente argentino sólo atinó a agregar: "Evidentemente Ud. me chantajea y lamentablemente no puedo escapar al chantaje. En Buenos Aires no nos dimos cuenta de que estábamos armando una bomba de tiempo con estas obras de El Chocón y esta historia del gas y del petróleo. Tendríamos que haberlos tratado realmente como colonos y puesto una fuerza armada al lado de cada dique y cada gasoducto u oleoducto. Pero ahora Ud. me tiene en sus manos. Pero dígame sinceramente ¿es cierto que Chile y Gran Bretaña reconocerán a su gobierno?". "Vea Sr. Presidente...", contestó el Presidente patagónico, "...no sólo que lo harán inmediatamente, sino que harán declaraciones manifestando que toda agresión hecha a los Estados Unidos de la Patagonia será considerada un acto de guerra contra sus propios países y si sus servicios de inteligencia, Sr. Presidente, funcionaran correctamente, habría sabido antes de salir para aquí que ambos países han dado orden de movilizar todas sus fuerzas armadas.
Pero hay algo que seguramente a Ud. lo compensará de éstas cosas tan desagradables. Gran Bretaña entregará las islas Malvinas, Sandwiches y Georgias del Sur a la soberanía de los Estados Unidos de la Patagonia y formalizará con nosotros un tratado de paz que lleva implícita nuestra participación con todos nuestros productos en el mercado inglés y de sus dominios a cambio de la preservación de los intereses británicos que sean afectados por el cambio de soberanía. Chile, por su parte, nos integrará el dominio de las tres islas del Beagle". "Nos queda Brasil! ", exclamó el Presidente argentino... Se opondrá al dominio de los mares del Sud por una nación extranjera. Se unirá a nosotros. Lo mismo Paraguay, Venezuela, Perú y Colombia".
Con mucha calma el Presidente patagónico le alcanzó un télex que decía: "Itamaraty ha informado confidencialmente a nuestro enviado que está emitiendo un comunicado al Gobierno Argentino advírtiéndole que cualquier acción armada contra los Estados Unidos de la Patagonia será considerara como el rompimiento del necesario equilibrio en los mares del Sud y obligará al Brasil a movilizarse sobre la frontera argentina y uruguaya".
El Presidente argentino, bajó sus brazos. Se tomó la cabeza entre las manos y dijo: "qué desastre!, Qué ciegos hemos estado!, Malditos porteños!". Cuando los dos Presidentes salieron de la carpa y se unieron a sus acompañantes el viento patagónico soplaba con toda intensidad sobre el inmenso erial. Las caras mostraban las distintas emociones. No había evidentemente triunfadores, más bien un sentimiento de amargura predominaba en todos y alguna lágrima de rabia se escapaba de los ojos de muchos de un lado y de otro de los que ayer hermanos, hoy estaban divididos por una frontera que había levantado con el tiempo la desidia de los gobernantes porteños.
Así se perdió la Patagonia para la Nación Argentina.
Por su parte los Estados Unidos de la Patagonia progresaron a ritmo inusitado. Vendiendo petróleo, gas e hidroelectricidad a la Argentina, aún a precios inferiores a los del mercado mundial, ingresaban anualmente miles de millones de dólares de divisas que se utilizaban para el desarrollo de su infraestructura.
Los valles de los ríos y la precordillera fueron irrigados y explotados para exportaciones agropecuarias y agroindustriales al exterior y un contingente enorme de inmigrantes se fue radicando libremente en una República que echando por la borda el estatismo porteño, se apoyó en la empresa privada para afirmar su desarrollo. En sólo diez años la población patagónica se triplicó con los inmigrantes y en toda la región lacustre y fluvial de la cordillera, centros de turismo de renombre mundial atraían millares de turistas anuales que reforzaban el muy favorable balance de pagos de la flamante nación.
Industrias electrointensivas y petroquímicas se instalaron para aprovechar los recursos energéticos disponibles a bajo costo. La exportación industrial supero largamente a las exportaciones agropecuarias.
La moneda en circulación fue el Patagón, con garantía oro y convertible lo cual surgió de una negociación con las principales naciones del mudo que aceptaron pagar en oro sus compras durante cinco años para formar dicha reserva áurea. La inflación desapareció instantáneamente.
Por supuesto los Estados Unidos de la Patagonia no tuvieron ejército, ni marina, ni aeronáutica. Apenas una fuerza policial. Estaba defendida por todos contra todos.
En poco tiempo los Estados Unidos de la Patagonia, sobrepasaron a la Argentina prácticamente en todo, excepto en la producción agropecuaria que siguió siendo la única base de la Argentina que no supo reconocer en la Patagonia su verdadero destino.
FIN
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COMO LA ARGENTINA PERDIO A LA PATAGONIA
(Un Cuento Fantástico)
Salvador San Martín 21.2.84

Martin R. Mur
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