Malvinas Argentinas: Protesta frente a la embajada britanica y comienzo de la guerra gaucha

El interes de la nacion Argentina se encuentra lesionado en el Atlantico Sur. De nosotros depende el llegar a ser dignos hijos de esta tierra bendita por Dios, defendida con la sangre de nuestros heroes y martires.

¿Una protesta? ¿Un acto de juramento? ¿Una reivindicación? ¿O todas estas cosas a la vez? Es difícil enmarcar en un solo concepto la manifestación que tuvo lugar el 27 de febrero de 2010 frente a la Embajada Británica a las 16 horas, por parte de distintas organizaciones y agrupaciones del nacionalismo argentino.

Todo comenzó a las 13 horas en el punto de intersección de las avenidas Las Heras y Pueyrredón, en el barrio de Recoleta. Allí se fueron acercando militantes, camaradas y compañeros que querían repudiar al gobierno inglés por su reiterada y añeja usurpación de los territorios argentinos del Atlántico Sur. Sin embargo, a la protesta se le sumaba ahora una nueva arista: la explotación petrolífera que los británicos están haciendo en las millas marítimas cuya jurisdicción corresponde a la República Argentina, y que aquéllos usufructúan como si les fueran propias.

A eso de las dos de la tarde, se decidió emprender una lenta y eufórica marcha hacia la embajada del usurpador. Elementos independientes y hasta vecinos de la zona se unieron a la caravana patriótica, cuya música de fondo se dirimía entre cánticos y cohetes de tres tiros. Es que Malvinas es eso: una cuestión nacional que no hace distinciones. Todos estaban invitados para tan justo reclamo.

Una bandera argentina con la franja federal, como la que usaba José Gervasio Artigas, y otros estandartes de las agrupaciones y entidades presentes, flamearon incansablemente, mientras se preparaban los discursos que dieron forma y vida al acto. A simple vista, se podían distinguir a miembros de la Organización Resistencia Peronista (ORP), del PPR (Partido Popular de la Reconstrucción), de Alianza Nacional y de otros tantos que no alcanzamos a distinguir de entre la multitud.

Desagradable fue ver la exagerada cantidad de policías y guardias de Infantería que se apostaron detrás de unos vallados puestos para impedir el paso de los manifestantes. Quienes hicieron uso de la palabra, además de señalarle al enemigo histórico de la patria que el pueblo argentino no está dormido y que va a dar pelea, no dudaron en acusar a esos agentes policiales por estar custodiando a quienes expolian la soberanía de su propio terruño, cual hipócrita guardia pretoriana de los intereses foráneos. Algunos fueron más punzantes y acusaron al Ministerio del Interior de la Nación por haber mandado tantos agentes. “¡Estos policías que están acá, que les pagamos todos nosotros, vienen a vigilarnos porque queremos a la patria!”, se le oyó decir a uno de los discursantes.

Tampoco hubo contemplación hacia la figura de Nilda Celia Garré, la discutidísima titular del Ministerio de Defensa, “quien desarmó a nuestras FF.AA. con el fin de que vengan los ingleses a quitarnos nuestros recursos y no nos podamos defender”. Los gritos y los aplausos retumbaron en el lugar ante semejante verdad.

El compañero Federico Addisi, de la ORP, expresó que el pueblo argentino, casi sin armas, se defendió y venció a los británicos en 1806 y 1807, y llamó a tomar nuevamente esa iniciativa ante el atropello imperialista inglés que, en pleno siglo XXI, vuelve a cargar contra la patria. “Nos debemos juramentar hoy, aquí, a emprender una guerra gaucha contra el imperio británico”, dijo.

En otro discurso, se hizo referencia a la epopeya del gaucho general Martín Miguel de Güemes, quien “tomó con su caballería una embarcación inglesa en el puerto de Buenos Aires” en 1806. Un acto como ese, único en la historia, “nos hace creer que el pueblo argentino es capaz de vencer a su enemigo de siempre aúnen inferioridad de condiciones”. El público presente seguía con algarabía aquellos conceptos sabios e históricamente comprobados.

Otro compatriota, exaltado, expresó que “vamos a atacar de noche a los ingleses y los vamos a derrotar”. Y arremetió: “estos agentes de policía que nos pone el gobierno nacional, custodian la casa central del poder en la Argentina entregada, como lo es la embajada inglesa”.

Seguidamente, Andrés Berazategui, compañero de la ORP, leyó a viva voz el siguiente petitorio:

“Ante el avance de la política británica en el Atlántico Sur, que con seguridad pretende expandir su área de influencia marítima y territorial con el objetivo de ejercer la rapiña, los negocios, incluso mediante la violencia si fuera necesario como lo ha hecho siempre su majestad británica, los argentinos bien nacidos, los que respetamos la herencia de nuestros antepasados, los que vemos en la lucha de nuestros próceres un camino a seguir, nos ponemos de pie y declaramos los siguientes puntos para iniciar el buen combate contra el enemigo que nos acecha:

1- Denuncia de los Acuerdos de Madrid y Londres de la década del 90;

2- Boicot económico a los intereses, productos y empresas de origen y participación de capitales británicos;

3- Expropiación de todo capital e inmuebles británicos en la Argentina;

4- Pedir, en coherencia con el bloqueo marítimo decretado por el Gobierno Nacional, el bloqueo aéreo de todos los países del Grupo Río que firmaron hace pocos días el apoyo a la República Argentina y sus derechos sobre las islas Malvinas;

5- Resistencia civil mediante el activismo, la difusión de información, presencia en la calle; y una sostenida batalla cultural mediante la utilización de símbolos, fomento del conocimiento de nuestra historia en relación al imperio británico y la ‘re-malvinización’ de nuestro discurso político y cultural.

El interés de la nación Argentina se encuentra lesionado en el Atlántico Sur. De nosotros depende el llegar a ser dignos hijos de esta tierra bendita por Dios, defendida con la sangre de nuestros héroes y mártires; tierra hoy mancillada por el revanchismo, la indefensión y la inoperancia de buena parte de nuestros representantes en todos los niveles e instituciones.

Que sea este conflicto con nuestro histórico enemigo el disparador para que el pueblo argentino tome conciencia del lugar que ocupa en el mundo, y con la esperanza puesta en el futuro, encuentre además su lugar en la Historia.

¡VIVA LA PATRIA!”.

Luego, y de forma mezclada, podemos decir que hubo vivas a Cristo Rey y a la Santísima Virgen María, y hasta una reivindicación que jamás puede pasar por alto cada vez que se toca el tema de Malvinas y el conflicto de 1982: una señora bien arreglada, de anteojos y que era vecina del barrio, pide en un momento el micrófono y, sin titubear, grita: “¡Viva el coronel Seineldín!”, a lo que los compatriotas respondieron con un “¡Viva!”. Y enseguida, surgió este cántico: “¡Se siente, se siente, el turco está presente!”. Y otro más: “¡Seineldín! ¡Seineldín!”.

Otro de los próceres mencionados fue el Restaurador de las Leyes, don Juan Manuel de Rosas, quien en Vuelta de Obligado “defendió la soberanía argentina con los viejos cañones de la guerra de la Independencia, expulsando a los ingleses y franceses”, mencionó alguien en el micrófono.

Del cadalso verbal no se salvó ni siquiera Raúl Alfonsín, como tampoco el séquito de militares de ideología liberal que irrumpieron en 1976 y que aplicaron una de las más terribles políticas económicas de nuestra historia. De hecho, todas esas administraciones, más la del agente internacional Carlos Saúl Menem y la del kirchnerismo, aportaron lo suyo para la desmembración y aniquilamiento actual de las fuerzas armadas argentinas, y entonces nos encontramos con la triste realidad de que un país extranjero viene a nuestras aguas, se pasea y extrae nuestros recursos sin que nadie lo moleste. No es una obra del azar sino una estupenda planificación que se la adjudican gobiernos de signo liberal y marxista.

De pronto, un militar retirado llama a juramentarnos para defender la Patria y su Bandera “hasta perder la vida”, con una solemnidad pocas veces vista. Muchos de los presentes, que habían llegado hasta la embajada desde el interior del país, prometieron morir por la causa de Malvinas, que es como decir la causa de la Patria toda. “Yo vine desde Mar del Plata, dejando una mujer y un hijo chiquito. Antes de venirme, les dije que no se preocuparan por mí, que si yo tengo que morir por mi Argentina, lo iba a hacer”, dijo otro de los que hizo uso de la palabra. Era realmente emocionante aquello.

En los balcones de los departamentos de Recoleta, casi no había gente asomada. Había curiosos, eso sí, pero que no tenían real dimensión de lo que se estaba reclamando. “Quienes estamos acá, sabemos lo que queremos y por qué protestamos, pero la mayoría de los argentinos están dormidos, idiotizados con tanto Ricardo Fort, droga, prostitución y corrupción”, manifestaba un compatriota.

De frente al vallado, se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino. Del otro lado, los agentes policiales parecían absortos y mudos…Así es, no cantaron la canción patria, lo que, al finalizar el último son, motivó el enojo de parte de los nacionalistas que derribaron una de las vallas metálicas. En seguida se calmaron los ánimos gracias a la prudencia de otros compatriotas que actuaron con rapidez y raciocinio. La dispersión consiguiente fue ordenada y sin disturbios. Hubo lugar para un último deseo: entonar nuevamente el Himno Nacional pero por detrás de la calle principal de la embajada, frente al muro que divide al pueblo de aquella fortaleza engendrada para hacer el mal y sojuzgar al país.

Y nos quedamos con la humildad de quien empezó a movilizar a los argentinos de bien en esta patriada llevada a cabo en tiempos oscuros y coloniales: nos referimos al camarada y compañero Bruno Capasso. A él, nuestro reconocimiento porque es un hermano en la lucha y una persona de bien, y lo decimos por conocimiento de causa, por haberlo tratado en más de una ocasión.

Raúl Scalabrini Ortiz, uno de los más grandes estudiosos de las políticas económicas intervencionistas de Inglaterra en la Argentina, dijo en 1938: “Inglaterra no tiene petróleo. Inglaterra debe arrancárselo a otros países y la lucha por la hegemonía petrolífera va a tomar visibles los invisibles métodos de Inglaterra”. Y luego, agregaba:

La hegemonía marítima de la Gran Bretaña está comprometida, porque ni en su suelo ni en el de sus colonias existe petróleo en cantidades de consideración. Pero Gran Bretaña tiene su astucia. La gran batalla petrolífera ha comenzado”.

El pensador argentino tenía razón. Por eso, el 27 de febrero de 2010 se dio por iniciada la Guerra Gaucha del siglo XXI contra la Pérfida Albión. En razón de ello, un grupo de compañeros de la Organización Resistencia Peronista distribuyó panfletos y pintó varias sucursales del Banco HSBC, de capitales ingleses, pasando de las palabras a los hechos. Tomando al pie de la letra, en definitiva, el juramento empeñado en el acto de esa misma tarde.

División de Prensa y Difusión
ORGANIZACION RESISTENCIA PERONISTA

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